23/10/2009

IV FESTIVAL DEL BALÓN EN MONGUÍ. GOL DE CHICHA NOSTRA.


La empresa productora de cerveza Bavaria, perteneciente a la transnacional Sab-Miller inundó de esféricos chinos el mercado nacional con su promoción “Las estrellas del Balón”, perjudicando a los productores de balones de Monguí y demás habitantes que dependen indirectamente de su industria. Campañas agresivas para promover el consumo de alcohol que además, vulneran la economía y desmotivan a los líderes empresarios locales.

Ante la consecuente protesta, Bavaria rápidamente decidió apoyar con una suma de dinero el IV Festival del balón como estrategia para acallar a los productores locales, acción que solamente maquilla la desleal jugada y no soluciona las serias consecuencias generadas por su publicidad. (Observe las camisetas impresas con el patrocinio de cerveza Águila).

Esperamos que las iniciativas de varios industriales del balón acerca de un paro en el consumo de cerveza sigan en pie, "si Bavaria le compra balones a China, pues que le consuman sus productos en China". Es algo justo en contra de una empresa que está acabando con el empleo local. CHICHA NOSTRA se une a las causas locales promoviendo la conciencia de pertenencia.

01/08/2008

CHICHA NOSTRA, PATROCINADOR DE LA CULTURA


Chicha Nostra se une a la celebración del XXXVI Festival Internacional de la Cultura fomentando una campaña cívica en pro de la conciencia del espacio público de nuestra ciudad:

NO CONTAMINES EL ESPACIO PUBLICO

VALORA Y CUIDA TU HERENCIA


Consideramos como “Espacio público” no solamente al espacio físico que compartimos: calles, parques, monumentos, iglesias, edificios del gobierno, centros comerciales, sino también al espacio mental, al espacio histórico y al espacio ético. En este sentido, Chicha Nostra busca llamar la atención sobre la contaminación material y mental que genera la palabra privada, escondida tras el colorido hipnótico de la publicidad. Tenemos un alto grado de responsabilidad en la visualización de nuestro entorno patrimonial y la obligación es cuidar que no sea contaminado.

09/06/2008

SE SECA EL POZO DE DONATO


(Artículo aparecido en Boyacá 7 días, el 28 de abril de 2008)

El Pozo de Hunzahúa, conocido popularmente como el Pozo de Donato, está dejando de ser un atractivo turístico de Tunja, pues se ha convertido en un charco.
El caudal de agua se ha ido perdiendo con los años, pero el problema se ha acentuado en los últimos veranos.
Rafael Cortés, propietario del restaurante la Piza Nostra, quien tiene en comodato el lugar, dice que desde hace dos años el Pozo ha perdido más agua, lo que al parecer se debe a la canalización de las aguas de los ríos que pasan por las cercanías del sitio.
Según Cortés, en dos años se han perdido de 20 a 25 centímetros en la altura del nivel del agua, seguramente debido a que de esas aguas muchas se filtraban hacia el Pozo.
Cortés propone que Sera Q.A. intente llenar el Pozo para determinar el nivel de filtración y realizar un trabajo de dragado para sacarle la maleza.
El alcalde de Tunja, Arturo Montejo, dijo que ya se han adelantado conversaciones para hacer un gran trabajo de dragado y sacarle de esa manera la maleza, lo cual se hará con la asesoría de Corpoboyacá para no afectar las especies naturales.
Lo cierto es que el Pozo cada vez tiene menos visitantes y que los turistas que llegan a Tunja se muestra desencantados frente a lo que queda del tradicional sitio histórico.
La historia dice que cuando los españoles llegaron a los terrenos de Hunza, los Chibchas echaron gran cantidad de oro y esmeraldas al pozo, los que llevaron en petacas de mano en mano de centenares de indígenas, desde el palacio del Zaque hasta el pequeño lago.
En la época de la Colonia un español llamado Donato Rojas gastó incalculables fortunas en la búsqueda de los tesoros, sin ningún resultado favorable.
Dado el fracaso de hispano, el charco tomó el nombre de Pozo de Donato. Después del español Donato, tanto durante la Colonia como durante la República, varios fueron los intentos fallidos por desaguar el pozo, con la inversión de grandes sumas de dinero.
Desde hace unos 200 años, cuando se le reconoció al Pozo su importancia histórica, se han adelantado gestiones para no dejarlo secar, pero parece ser que el tiempo logrará lo que Donato no pudo.
"No era un pozo, era una laguna': Ocampo
El presidente de la Academia Boyacense de Historia, Javier Ocampo López, dice que hace 1.000 años lo que había en el lugar era una gran laguna, que llegaba hasta lo que hoy se conoce como la Glorieta Norte y los barrios La María y Mesopotamia.
Sin embargo, cuando llegaron los españoles en el Siglo XV, el lugar ya había sufrido un proceso de desecación, aunque el Pozo sí era más grande de lo que se conoce en la actualidad.
"El Pozo contiene aguas freáticas provenientes de más de 16 fuentes de agua que existen en la ciudad y que están intercomunicadas de manera subterránea", señala el historiador, quien considera que es difícil o imposible que se seque del todo.
En los siglos XVII y XVIII el Pozo de Hunzahúa y las fuentes termales de San Ricardo eran los dos grandes sitios turísticos de Tunja y era común ver personas y familias tomando baño en lo que hoy se conoce como Pozo de Donato.
Ocampo López explica que los terrenos donde hoy funciona la Uptc eran tierra firme y que en ese lugar estaba ubicado el Templo de Goranchacha, que es de donde provienen las enormes piedras, en forma de falos, que hoy están ubicadas en los alrededores del Pozo de Hunzahúa.
En 1942, en terrenos cercanos a la Glorieta Norte, en donde hoy está el restaurante Brasas de Oro, fue encontrado un tesoro. Algunas de las piezas halladas están en el Museo de Oro.

Comentario:

Nadie sabe que el Pozo de Hunzahúa se ha estado "ahogando" principalmente por las sucesivas intervenciones que ha tenido: la avenida que lo corta, el cercado de piedra que construyó la alcaldía cuando el pozo era un basurero, el ruido de la pizzeria con sus canes vigilantes, y la ridícula iluminación navideña cada fín de año. El Pozo es un lugar natural y debe respirar, los juncos y plantas nativas que deben extenderse en sus riberas ya no están y no pueden darle la expansión necesaria. Estas intervenciones lo afectan como espacio físico natural y como espacio sagrado: la flora y fauna propias ya no viven en él, las externas lo deterioran; de la misma manera los espíritus ancestrales se alejan por dicho ruido y disonancia; como espacio de culto al aspecto femenino de la naturaleza requiere silencio, los falos de piedra que han colocado, no pertenecen al lugar, estos son para el culto al aspecto masculino y deberían estar en su original lugar, además enterrados, como así era antes.

¿Cómo esperan recuperarlo dragándolo y echándole agua? Esa sería otra intervención más agresiva, lo mejor sería limpiarlo, quitarle ese muro de piedra y que la pizzería se fuera a otro lugar.

14/12/2007

CHICHA NOSTRA PATROCINA TU IDENTIDAD

“Si no muestras, no vendes.”

“Por la reconquista de nuestro entorno “

“Cambia el sabor sensacional por el saber ancestral”

¡Que te pica la guaca!

“¡Póngase Muisca!”

Lo que hace miles de años era Espacio Sagrado, debiera ser hoy por lo menos un espacio de encuentro, visibilización e interacción cultural. Un restaurante que no puede establecer ningún lazo de correspondencia con la historia del lugar, contamina física y simbólicamente su sentido y valor.

El Pozo de Hunzahua, patrimonio de los tunjanos no puede ser soporte publicitario de una empresa privada.

La palabra privada y empresarial a favor de unos pocos no puede estar por encima de la palabra de la mayoría, por la palabra pública.

¡PONGASE MUISCA!


(Para los estudiantes, profesores y trabajadores de la UPTC)

Nuestro pasado está oculto entre esta tierra que pisamos, en el subsuelo están nuestros documentos y del subsuelo surgen nuestros monumentos, es decir nuestra memoria. La pérdida de la memoria es irrecuperable. De nosotros depende el apropiarnos, el conservar, preservar, proteger, estudiar, divulgar, enriquecer y sobre todo, estar orgullosos y asombrarnos ante este único e irrepetible bien patrimonial, símbolo de nuestra identidad. Una formación integral, una formación humanística tiene que partir de este suelo que habitamos, espacio humanizado, donde por dos milenios se generaron y se generarán múltiples saberes.

· ¿Sabía usted que ninguna universidad en el mundo tiene en sus predios una riqueza arqueológica como la nuestra?
· Sabía usted que la técnica de cera perdida con que trabajaron los orfebres muiscas hoy se utiliza en los chips de computador?
· ¿Sabía usted qué piso pisa?
· ¿Sabía que la tierra que pisa todos los días al entrar a la universidad es sagrada?
· ¿Sabía que el idioma de los muiscas, se enseñó en la universidad del Rosario de Bogotá y en Universidades españolas en el siglo XVI?
· ¿Sabía usted que en la UPTC, “orgullosos de nuestro pasado, edificamos el futuro”?
· ¿Sabía usted que tenemos un “Pozzo Nostro” en in-comodato?
· ¿Sabía usted que el Pozo Nostro es el Pozo de Donato donde está el restaurante “Pizza Nostra”, que está en Territorio Sagrado de la UPTC y no han querido devolverlo?


¡¡¡PONGASE MUISCA!!!

Tomado de: Hojas de Farfacá. Nº 1-4
IV quincena de la investigación UPTC, septiembre 2 al 15 de 2002
Museo Arqueológico de Tunja. UPTC.
Agradecimiento a la profesora Maria Helena Pradilla.

10/12/2007

¿Pozo de Donato?

En busca del tesoro de Quemuenchatocha se hicieron varios intentos de desecamiento de la laguna. Uno de ellos lo hizo don Jerónimo Donato de Rojas en el siglo XVII y cuentan las tradiciones que gastó considerables sumas de dinero y puso muchos obreros sin alcanzar ningún resultado favorable; los tunjanos le dieron el nombre de POZO DE DONATO.

Dicen los tunjanos Que cuando una deuda no se paga en Tunja, "Cayó al POZO DE DONATO", es decir, se perdió para siempre.

www.tunja.gov.co/?idcategoria=1247

www.es.wikipedia.org/wiki/Pozo_de_Donato.

09/12/2007

El arte de la resistencia cultural


Gemma Galdon Clavell
Malababa/Diagonal, Julio 2006

En el imperio de los signos, no escuchar no es una opción. ¿Queda algún espacio de libertad? Sí, la libertad de leer los mensajes de forma diferente, de cambiar su significado. Queda el culture jamming.

Una calle peatonal. A la derecha, unos grandes almacenes. Luces de neón y un cuerpo de mujer cuya ropa anuncia el cambio de estación que se avecina. A la izquierda, tiendas más pequeñas: ropa, zapatos, accesorios. De vez en cuando, una cafetería, una heladería o un restaurante de comida rápida. Las farolas, las paredes y hasta las papeleras hablan. Las imágenes se suceden incesantemente. Una banda sonora histérica y cambiante acompaña al murmullo de la multitud. No muy lejos, una cámara inmortaliza el momento –por su seguridad. Yo sólo pasaba por aquí, pero por si acaso, y porque yo lo valgo, me compro un pintalabios.

Puedo estar en cualquier ciudad del mundo occidental, y me siento en casa. Comparto los códigos, conozco las reglas. Esta es mi cultura. La radio, la televisión, los periódicos y la calle repiten incesantemente los mismos mensajes. En el imperio de los signos, no escuchar no es una opción. ¿Queda algún espacio de libertad? Sí, la libertad de leer los mensajes de forma diferente, de cambiar su significado. Queda el culture jamming.

El sabotaje cultural

Acuñada inicialmente para describir la interferencia de frecuencias de radio, la expresión culture jamming, que puede traducirse como sabotaje cultural, describe actualmente cualquier utilización de la guerrilla de la comunicación en los medios de comunicación de masas con el fin de confundir y/o distorsionar el mensaje que transmiten. La idea central es que los medios de comunicación de masas y la publicidad se han apropiado de la cultura popular para reformularla y devolverla a la sociedad en forma de envoltorio de una idea principal: la respuesta es consumir.

Pero la inducción al consumo va más allá de ser la estrategia puntual de una empresa para conseguir más beneficios. La publicidad no es sólo un intermediario entre la oferta y la demanda. Como afirma el publicista Bernard Cathelat en su libro Publicité et société, “La publicidad no es sólo palabra comercial, sino también y siempre palabra política, palabra social, palabra moral y discurso ideológico. Es el lenguaje dominante de la Cultura, y sin duda el sistema de información más importante de la Historia.”

Poco a poco, el “ciudadano” ha ido dando paso al “consumidor”. El tiempo libre de la mitad de la humanidad gira entorno al consumo, y los medios comerciales y los espacios de ocio comercial ofrecen entornos cuidadosamente diseñados para excluir y aislar cualquier elemento que pueda interferir con el impulso consumista. Entre lo excluido y aislado están, evidentemente, los problemas reales, el conflicto y la “política” en su sentido más amplio.

A medida que el espacio y la vida privada asumen un papel más importante en las sociedades globalizadas, los espacios colectivos y los discursos políticos y alternativos van quedando relegados a la marginalidad. No molan. No son “lo que se lleva”. Aún peor: la ideología desideologizante de la publicidad y el consumo no sólo crea una masificación de deseos construidos que no tiene parangón en la historia de la humanidad, sino que genera un escenario ficticio que se presenta como reflejo de lo verdadero, y, al jugar constantemente a la confusión entre lo percibido y lo real, acaba alejando el nervio óptico del objeto. La publicidad nos cambia la mirada, la forma de ver y relacionarnos con el mundo –y, con esto, hace desaparecer la posibilidad de creación y experimentación de un mundo sensible común, base misma de la colectividad y la experiencia política.

El acto consciente de ver ha dado paso a la absorción automática de las miles de imágenes y millones de mensajes que recibimos diariamente. Esta saturación del entorno (televisión, radio, autobuses, estaciones de metro, papeleras, buzones, fachadas, ropa...), que despolitiza la experiencia cotidiana es precisamente el objetivo del sabotaje cultural. Se trata de introducirse en el intruso, de intervenir en el universo semiótico construido con significados subversivos.

En este sentido, el sabotaje cultural no es nada nuevo. En la larga lista de pioneros de la subversión comunicativa y la interferencias podemos incluir el samizdat (la publicación clandestina de literatura en la Rusia post-estalinista); los fotomontajes antifascistas de John Heartfield; el détournement de los situacionistas para denunciar la “sociedad del espectáculo”; el periodismo clandestino de los años 60; el clásico álbum de The Who, The Who Sell Out, en el que aparecían falsos anuncios en la portada y entre las canciones; pseudo-religiones satíricas como la Iglesia de los Subgenios (y su versión más actual, el Reverendo Billy); en la creación de un icono vacío como André the Giant; las performances con automóviles y televisores como artefactos culturales del colectivo Ant Farm; el descontento de los oficinistas proletarizados de los 80, origen de iniciativas como la revista Processed World; y los primeros ejemplos de bricolaje subcultural, consistente en la apropiación y utilización de símbolos asociados con la cultura dominante.

El subvertising

El sabotaje cultural incluye multitud de expresiones y formatos disidentes y subculturales. En su definición más amplia, cualquier acto que distorsione la onda expansiva de la cultura mainstream es culture jamming: desde una performance callejera a la interrupción de una retransmisión televisiva, pasando por la creación de productos culturales alternativos y el hacking académico desde fuera de los muros de las universidades.

No obstante, la forma de sabotaje cultural más extendida es seguramente el subvertising.

Resultado de la fusión de las palabras subversion (subversión) y advertising (publicidad), el subvertising –que podríamos traducir como “contrapublicidad”- se define en www.subvertise.org como “la pintada en la pared, la pegatina en la farola, la frase modificada de una valla publicitaria, la camiseta-parodia ... La clave está en la redefinición y reconquista de nuestro entorno arrancándolo de las manos de las grandes empresas.”

Según Adbusters, una buena contrapublicidad debe “imitar la imagen y el significado del anuncio-objetivo, generando la clásica ‘reacción tardía’ a la que el espectador se da cuenta de que ha sido engañado. Los contraanuncios crean disonancia cognitiva. Atraviesan el bombo y la ostentación de nuestra realidad mediada y, por un momento, revelan una verdad más profunda.”

Muchos actos de subvertising no pretenden más que conseguir provocar un parpadeo momentáneo que, quizás, pueda llevar al cuestionamiento de la sociedad de consumo. A través de la manipulación de logos, eslóganes comerciales y imágenes de marca, se pretende desafiar la idea generalizada de qué es lo “cool”, lo que mola, lo que se lleva –y lo que todos deberíamos desear y considerar deseable-, así como la idea implícita de que el poder elegir entre un abanico limitado de productos más o menos necesarios es sinónimo de libertad.

La disidencia gráfica en la era digital

Gracias a la difusión masiva de las tecnologías de la información y las comunicaciones, la manipulación de las imágenes que conforman el escenario de la sociedad de consumo es cada vez más fácil tanto de llevar a cabo como de difundir. Las herramientas de las que disponemos actualmente están muy alejadas no sólo del cartelismo de la Revolución Rusa y la Guerra Civil española, sino también de la utilización de la disidencia gráfica en los años 60 y 70 por parte de movimientos como el de la lucha contra el sida y el movimiento ecologista.

Sin duda, las innovaciones digitales han provocado cambios en los métodos tradicionales de organización de la disidencia, en parte gracias a la aparición de soportes múltiples, adaptables a las necesidades concretas de cada causa y movilización: el formato web para la organización rápida de activistas a nivel internacional o ante la falta de recursos; la tinta y el papel en momentos difíciles, como durante un conflicto armado, o ante públicos aún excluidos de la era digital.

El espacio público

Aunque es difícil infravalorar la importancia del ciberespacio como espacio “público” y, por lo tanto, el impacto de la disidencia gráfica que se limita a alterar o crear imágenes, a menudo el sabotaje cultural sitúa su discurso alternativo en uno de los ámbitos menos disputados de las sociedades contemporáneas: los espacios comunitarios.

La multiplicación de soportes publicitarios ocurrida en los últimos años ha provocado la invasión de calles, plazas y espacios exteriores por mensajes orientados al consumo. Sin ningún tipo de debate ni cuestionamiento, el mobiliario urbano, los transportes públicos y los edificios se han convertido en soportes publicitarios. Lo que antes eran espacios de encuentro e interacción, de intercambio, de visibilización e integración de la diferencia –en definitiva, espacios políticos- son hoy meros soportes de imágenes y eslóganes que no se relacionan con el individuo como ciudadano o como persona, sino como consumidor, como objetivo comercial.

Así, el espacio público, antes de todos y todas, se convierte, a cambio del abono de la tarifa estipulada, en espacio privatizado. Igual que ocurre con los servicios sociales, las pensiones y la atención sanitaria, los límites de lo “privatizable” se ensanchan aún más para incluir este último reducto de “sociedad”, este vestigio de “colectividad”. Después de que el televisor consiguiera meter un repetidor de ideología mainstream en cada comedor, la eliminación de esta última frontera completa el mapa de implantación de la sociedad de consumo.
Y, sin embargo, las paredes no callan. A través de la utilización masiva de plantillas (stencils), de la manipulación del mobiliario urbano, de las pegatinas, de los graffitis, del bigote pintado, de las burbujas, de la liberación de vallas publicitarias, de la alteración del paisaje, del détournement, etc., la disidencia desdibuja la idílica imagen del consenso social.

El sabotaje cultural como crítica social.

Es en la crítica social donde la creatividad disidente encuentra su mejor fuente de inspiración y espacio de actuación. En este sentido es revelador que uno de los acontecimientos que más paredes ha hecho hablar y más incursiones inesperadas en el discurso de la normalidad ha provocado haya sido un acontecimiento manifiestamente político: la guerra de Irak.

De la misma forma, el actual apogeo de las resistencias culturales es inseparable de la creciente actividad de los nuevos movimientos sociales desde los eventos de Seattle y la eclosión del mal llamado “movimiento antiglobalización”. La mayor acción del movimiento antipub francés, por ejemplo, que consiguió manipular, alterar, romper y subvertir y grafitear un París tomado por la publicidad, se produjo en noviembre del 2003, coincidiendo con la celebración en la ciudad del Foro Social Europeo.

Pero aunque muchos actos contrapublicitarios son abierta y claramente actos políticos, es evidente que no todo acto de sabotaje cultural es expresamente político ni refleja una apuesta por un modelo social alternativo. No obstante, toda intervención en el discurso mainstream abre una puerta a la imaginación de otros mundos posibles. Como veréis en este primer número de Malababa, los cielos claros en el muro de Palestina de Bansky, la abundancia socializada de Yomango, los modelos comerciales liberados del silencio por las burbujas de The Bubble Project, la intervención directa en el mainstream de los Yes Men, etcétera, nos recuperan la mirada, la sonrisa y la esperanza. Son el guiño de complicidad que nos saca del supermercado de la vida y abre una puerta verde a la cárcel de la impotencia.

El meme

La unidad básica de la comunicación en el sabotaje cultural es el meme: la unidad central de la transmisión cultural. Los memes son imágenes condensadas que estimulan asociaciones visuales, verbales, musicales o conductuales que son fácilmente imitables y transmisibles. El sabotaje cultural, por ejemplo, utiliza memes comerciales que nos son familiares como el logo de Nike, el “happy meal” de McDonald’s o los osos polares de Coca-Cola para incitar a personas de ideas políticas diferentes a reflexionar sobre las implicaciones de sus hábitos cotidianos (la ropa que llevan, la comida que comen). Según Kalle Lasn, fundador de Adbusters, el mejor sabotaje cultural es el que introduce el meta-meme, un mensaje a dos niveles que se dirige a una imagen comercial específica, pero de una forma que pone en cuestión y desafía la cultura política de la dominación empresarial en general.

John Heartfield

John Heartfield utilizó su arte como forma de protesta satírica contra el antisemitismo y el apoyo de los grandes empresarios al nazismo y el Tercer Reich, así como una forma de reflejar la verdadera realidad de una Alemania de hambruna y desolación.

El détournement

El détournement es un término acuñado por Guy Debord y los situacionistas en los años 50 que describe la técnica artística y a menudo política a través de la cual se “recrean” o “resitúan” obras de arte de la cultura de masas para cambiarles el significado. “En última instancia, cualquier símbolo es susceptible de ser convertido en otra cosa, hasta en su contrario. Cualquier elemento, venga de donde venga, puede ser utilizado para crear nuevas combinaciones. Los descubrimientos de la poesía moderna en relación con la estructura analógica de las imágenes demuestra que cuando se juntan dos objetos, independientemente de lo alejados que estuvieran sus contextos originales, siempre se genera una relación.” En este sentido, el détournement es como una parodia que reutiliza o imita aquello que pretende satirizar, en lugar de construir nuevos símbolos que se limiten a hacer referencia al original.